moras non sacta

La Conquista o Invasión española. Entre la “memoria herida” y los discursos oficiales

"Colón va a pasar del asimilacionismo, que implicaba una igualdad de principio, a la ideología esclavista” Tzvetan Todorov

Eddy W. Romero Meza

Publicado: 2018-10-12

Un tema casi imposible en las aulas escolares y universitarias es la Conquista o Invasión española. Desde el mismo establecimiento del título, por la polémica interminable entre los historiadores: ¿descubrimiento, encuentro de dos mundos, invasión, conquista, genocidio? Así pues, en las aulas, durante generaciones la enseñanza de este tema se ha reducido a una lista de justificaciones o acusaciones. Por un lado, discursos conservadores que constituyeron la “historia oficial”, y por otro lado, discursos históricos críticos de carácter anti-hispanista.  

La historia de la Conquista española en América se convirtió tempranamente en un campo de batalla, tanto en el gremio de historiadores, como también en las aulas escolares. Posturas hispanofìlicas se contraponían a posturas hispanofóbicas en todos los países de América Latina, incluyendo el Perú. Lo cierto es que la Conquista o Invasión europea, no es un tema acabado o cerrado, sepultado en el pasado, permitiendo así una aproximación fácil desde los estudios históricos. Se trata de un tema vigente en sus consecuencias, donde la población blanca (ascendencia europea) concentra aún el poder político, económico, así como el prestigio social; mientras la población indígena o cobriza mantiene la condición de sector marginado, discriminado y en estado de pobreza. Por ello, la Conquista o Invasión no es un tema más, de una larga lista de capítulos en un curso de historia, se trata de un tema particularmente sensible, donde predomina una “memoria herida”, y una realidad donde los “vencidos” aún esperan ser reivindicados, en un contexto de Estados criollos o dominados por élites blancas.

El no poder hallar un justo medio para abordar está temática, abruma a numerosos docentes. Los debates son infinitos cada 12 de octubre (conmemoración del Descubrimiento de América), Cristóbal Colón, ¿descubridor o saqueador?, ¿Día de las Américas o inicio de una tragedia?, Hernán Cortés y Francisco Pizarro, ¿conquistadores o genocidas? Por un lado, los discursos sobre la labor civilizadora de España en tierras de pueblos bárbaros o primitivos (o peor aún, de salvajes caníbales o practicantes de horrendos sacrificios humanos); y de otro lado la presencia española reducida a saqueo, destrucción, ignorancia e inhumanidad (Leyenda Negra). La oposición civilización y barbarie en los discursos más pro-hispanistas; y la oposición nación indígena y nación invasora (España), en los discursos nacional-indigenistas.

Es innegable la crueldad y horror de lo sucedido en los siglos XV-XVI, muerte, violación y despojo sistemático. Las terribles huellas de la conquista o invasión son imborrables, y de hecho no deberían ser nunca omitidos en los relatos históricos sobre este periodo, es parte de esa larga y sangrienta trayectoria del colonialismo europeo. Pero por otro lado, cabe cuestionarse si es correcto sólo limitarnos a describir la lista de horrores y crueldades de esta época, no destacándose otros elementos. Acá el asunto se complica, pues cabría preguntarse hasta qué punto puede matizarse un capitulo así. La ruta de los historiadores conservadores fue la de abrazar el “discurso del mestizaje”, tanto racial como cultural. Así, los españoles no solo habrían saqueado, asesinado y destruido, sino que dieron origen (gradualmente) a una nueva nación, la nación mestiza o americana. La cual hereda los bienes culturales de las sociedades amerindias (reducido a veces a ser un simple sustrato primigenio), y los aportes de la cultura cristiana-occidental. De esta manera, la presencia hispana se justificaría en la medida que permitió a este continente acceder a una gran civilización, pero cuyo costo fue un periodo de dominio político y las consecuencias de algunos “excesos”.

A partir del surgimiento de un discurso indigenista, legitimado en gran medida a lo largo del siglo XX, la versión oficial de la Conquista y la Colonia, fue refutada, rechazada y denunciada por historiadores de tono crítico, identificados con las justas reivindicaciones de los pueblos originarios. Los discursos históricos hispanistas, fueron reemplazados en parte por discursos de denuncia, pro-indigenistas y muchas veces anti-occidentales. Los autores, historiadores mestizos y criollos, como Luis E. Valcárcel dedicarían su obra a resaltar los grandes logros culturales de los incas y otros pueblos originarios, pero a su vez criticar el nefasto legado colonial. El imaginario peruano se caracterizará por la nostalgia o “memoria del bien perdido” (desaparición del Tahuantinsuyo y un discurso heredero de la obra de Garcilaso), y la denuncia enfática sobre el daño irreparable de la Conquista o Invasión. Esta “idea crítica” es central en el imaginario histórico nacional, y se instala con fuerza en el relato escolar, por ejemplo. (Oliart y Portocarrero, 1989).

La obra de historiadores conservadores como Sebastián Lorente, Ricardo Cappa, Carlos Wiesse, Riva Agüero, Porras Barrenechea, Pons Muzzo o José Antonio del Busto, definirán en gran medida el rumbo de la divulgación escolar en el Perú. Textos de discursos abiertamente pro-hispánicos o de exaltación del mestizaje como fuente de identidad peruana. Conservadores respecto a la evaluación de los hechos de la Conquista y la Invasión, se convierten en la “historia oficial”, durante gran parte del siglo XX. Sin embargo, el avance del indigenismo y los cambios políticos como la llegada del gobierno revolucionario de Velasco Alvarado, reorientan en parte este discurso oficial, asumiendo una postura más crítica respecto a la herencia hispánica (aunque no negándola completamente). Desde los años 60s, en pleno ascenso de los discursos revolucionarios y guerrilleros, resistencia frente al intervencionismo norteamericano, y luchas por la justicia social (movimientos campesinos, obreros, estudiantiles, etc.), los discursos históricos de tono crítico alcanzan su cúspide. Obras como “Las venas abiertas de América Latina” (1971), del escritor uruguayo Eduardo Galeano, expresan ese espíritu, contrario a la versiones tradicionales, tildadas de fraudulentas sobre nuestra historia. Bajo un discurso de feroz denuncia, se describen los males del continente, colocando como punto de inicio la Conquista o Invasión europea.

Desde España por su parte, durante la dictadura de Francisco Franco (1936-1975), se difunde un discurso nacional-católico, exaltador de la grandeza hispánica y la labor civilizadora cumplida en América. Se rechaza la Leyenda Negra anglosajona contra España, y se erige una Leyenda Blanca o Rosa sobre la Conquista y el periodo colonial. Los atropellos, abusos y demás hechos execrables, son nuevamente reducidos a simples “excesos”. La grandeza de España estaría en haber llevado la fe cristiana, la lengua castellana, el arte, ciencia y tecnología de Europa a América. Un discurso histórico enarbolado también por los sectores criollos acomodados en países como el Perú. En tiempos recientes, este discurso ha sido retomado con fuerza en la España democrática, destacándose dos argumentos justificatorios, respecto a las acciones de España en América; primero, la existencia de una legislación indiana que habría protegido en gran medida a la población nativa; y segundo, la inclinación hispana a unirse a la población indígena (mestizaje racial). Todo ello, distinguiría a España de otras formas de colonialismo, como el inglés, caracterizado por exterminios y segregación racial. El nacionalismo español retoma con fuerza los viejos discursos enarbolados en tiempos de Franco, y estos a su vez chocan con los discursos indigenistas más beligerantes, reivindicadores de la “raza cobriza”.

En el Perú, el retiro de la estatua de Francisco Pizarro de la plaza mayor de Lima el 2003, provocó un debate más o menos intenso, que revelaba las tensiones sobre nuestra aproximación al pasado, al periodo de la Conquista o Invasión. Francisco Pizarro no sólo era un personaje histórico, sino un símbolo de significados contrapuestos, para unos el creador y fundador de la nacionalidad (fundador de Lima, padre del mestizaje), para otros el destructor de una gran civilización y opresor ambicioso y cruel. Se propuso colocar a Manco Inca, el inca de la resistencia, en su lugar, pero finalmente se optó por colocar la bandera peruana. La conservadora Academia Nacional de la Historia y el escritor Mario Vargas Llosa salieron en defensa de Pizarro. En su artículo “Los hispanicidas”, el novelista atribuía este acto como resultado de un “indigenismo truculento” o “indigenismo obtuso”. No hay duda de que un nacionalismo indigenista, alentó el retiro de la estatua de Pizarro, pero no deja de ser cierto que fue el nacionalismo criollo hispanista, el que colocó esa estatua en 1935 (durante la celebración por los 400 años de fundación de Lima). No comparto las posturas de Vargas Llosa, como tampoco la de los sectores hispanófobos.

Recientemente, en EE.UU. se han dado casos de ataques a las estatuas de Cristóbal Colón en varias ciudades. Descendientes de los pueblos indígenas norteamericanos, y sobre todo personas de sectores progresistas, críticos de las desigualdades e injusticias en el país, han apoyado esto. Como se sabe el 12 de octubre, es el Columbus Day (Día de Cristóbal Colón), en referencia al Descubrimiento de América, asignándole el significado de Encuentro entre dos mundos (1). El rechazo a las estatuas de Colón, es el mismo que hay en México respecto a Hernán Cortés, ambos personajes simbolizan para muchos el genocidio o masacre de pueblos enteros, la destrucción cultural y el saqueo sistemático. La historia a veces cae en histeria colectiva. Los límites entre lo racional e irracional son borrosos. Algunos opinaran que para construir algo nuevo, hay que destruir antes todo lo anterior.

Cristóbal Colón, Hernán Cortés y Francisco Pizarro, son personajes pertenecientes a determinados contextos históricos y culturales, sus actos responden a los valores y prácticas de su tiempo, pero también a una libre voluntad. El caso es que la evaluación histórica de sus hechos difícilmente puede ser objetiva o fría. Ellos inauguraron periodos históricos marcados por la destrucción y la creación. Los cronistas españoles y autores criollos como Peralta Barnuevo, los convirtieron en héroes culturales o civilizadores, una idea que será reactualizada por la historiografía pro-hispánica y conservadora (2). Pero tampoco serán solo monstruos destructores e inhumanos, como apelará el indigenismo militante más acérrimo. Creo que no es posible postular o intentar construir posturas intermedias, porque estas no existen. No es lo mismo ser heredero directo de los pueblos indígenas sometidos y explotados, humillados y aniquilados (conservando esa condición en gran medida hasta hoy), que ser descendiente de los colonizadores europeos y gozar de ciertos privilegios sociales y hasta políticos (reconocimiento pleno de los derechos). Ser discriminado racial y culturalmente aún hoy, hace que el tema de la Conquista o Invasión no sea un tema del pasado, sino un tema terriblemente vigente. Formas de colonialismo interno todavía perduran.

El “discurso del mestizaje” surge como conciliador, pero por momentos en el relato histórico se presenta como un “mestizaje casi armónico”, en un contexto histórico en verdad marcado por la imposición, abuso y destrucción material y cultural. El proyecto de mestizaje impulsado por las élites criollas tras la independencia en el siglo XIX, en realidad fueron proyectos de “desindigenización” de la población. Ayer y hoy, el mestizo en última instancia aspira a ser blanco, antes que ser indio.

Notas:

(1) El “Día de la Raza” se celebra el 12 de octubre en la mayor parte de Hispanoamérica, en España y en Estados Unidos. Fue creado a inicios del siglo XX de forma espontánea y no oficial, para conmemorar la nueva identidad cultural, producto del encuentro y fusión entre los pueblos indígenas de América y los colonizadores españoles. En España el 12 de octubre es el Día de la Fiesta Nacional o Día de la Hispanidad, y el “Día del Respeto a la Diversidad Cultural” en Argentina. En el Perú se celebra como el "Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural" establecido bajo el gobierno de Alan García en el 2009. En Venezuela, el presidente Hugo Chávez, por solicitud de las organizaciones indígenas, decreta el “Día de la resistencia indígena”, el 12 de octubre del 2002.

(2) En el mundo occidental, el personaje griego Heracles es uno de los que mejor encarna la idea de héroe cultural: (la) geografía salvaje y desconocida es sometida por Heracles en tanto que se manifiesta como un espacio por conquistar, por someter a parámetros racionales. Sus habitantes, monstruos y barbaros agresivos con los extranjeros, son derrotados y dominados por Heracles que como héroe cultural abre rutas, instaura estirpes, funda ciudades… de manera que ese espacio desconocido occidental se transforma en un espacio reordenado, pacificado, civilizado, contenido en los límites racionales del universo de la polis y destinado al uso de los hombres, es decir de los griegos. Jaime Alvar y José María Blázquez. Héroes y antihéroes en la antigüedad clásica. (Madrid: Editorial Cátedra, 1997. pp. 61-62).


Escrito por


Publicado en

Socio-Historia

Espacio de reflexión histórico-social. El Perú es a veces un cuento de Kafka pero resulta legible para lo real maravilloso latinoamericano.