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“De Inga y Mandinga”. El Perú y el discurso del mestizaje.

Trayectoria del discurso del mestizaje en el Perù. 

Publicado: 2018-08-12

“El que no tiene de inga, tiene de mandinga” (el que no tiene de indio, tiene de negro), es una famosa frase proveniente del mundo criollo. Se le atribuye su autoría al escritor y tradicionalista Ricardo Palma, aunque no existe ningún registro que lo pruebe. Parece más bien, una frase salida de alguna pluma anónima y rápidamente apropiada por el mundo popular criollo. La frase expresaría la diversidad étnica de los peruanos, a partir de la mezcla producida desde el siglo XVI, especialmente bajo el periodo colonial. Hoy es casi un emblema nacional, y se cita a menudo para recordar que los peruanos provenimos de diferentes grupos “raciales”, pero al final somos uno solo, “mestizos”. De esta manera, el Perú se define por su identidad mestiza, y por ello encarna una nación mestiza.   

En las últimas semanas, la revista Somos del diario El Comercio, ha iniciado una bien intencionada campaña para combatir el racismo y proclamar nuestra diversidad “racial”. La campaña se denomina “De Inga y Mandinga”, y tiene como puntal, demostrar a través de un análisis genético, las diferentes procedencias u orígenes de los peruanos contemporáneos. Así, en una de sus portadas se dice: “Con la sangre y el alma, la verdad biológica de la raza peruana”. Lo primero cuestionable seria eso de “verdad biológica”, y lo segundo, el contrasentido de decir “raza peruana” cuando se supone se combate el racismo (¿habría una raza venezolana, también?). El historiador José Ragas, ha dicho sobre esto: “Apelar a la biología con títulos sensacionalistas como "la verdad biológica de la raza peruana" es un despropósito, más aún si se apela al ADN como una forma "científica" y definitiva de validar un "mestizaje" que de por sí anula la compleja problemática social y étnica del país” (5/08/18, en su sitio de facebook).

La idea central de esta campaña es validar el carácter mestizo del Perú. Proclamar que el Perú es varios y un solo al final. Que tenemos de indio, negro, blanco, asiático, etc., pero en última instancia somos mestizos, cholos, peruanos. La idea no es nueva, tiene larga data y surgió desde contextos de agudos conflictos social y culturales, fue una manera de conciliar, pero siempre desde posiciones de privilegio. Garcilaso de la Vega, tomó la bandera del mestizaje indígena-hispano, y vio en ello el futuro del Perú. Él mismo encarnaba esa realidad de unión o mezcla iniciada con la conquista. Su figura luego fue empleada por intelectuales como José de la Riva Agüero, para colocarlo como símbolo del mestizaje peruano, esencialmente la “doble herencia” (española-andina). Curiosamente, esa figura puente y símbolo, en los hechos nunca llego a asimilarse a ninguno de esos mundos, en España sería rechazado o excluido, al decir del historiador Pablo Macera. El “príncipe de los mestizos” no encarnó la unión o integración, sino la posición de un marginado o no asimilado completamente.

Digámoslo más claro, en la proclama del mestizaje (desde los sectores dominantes) el objetivo siempre fue el blanqueamiento y la occidentalización. El rechazo a la “mancha indígena” y la aspiración a aproximarse al ideal blanco europeo. “Desindigenizar” progresivamente al país, y en el marco de una república criolla, proclamar que el peruano no era mayoritariamente indígena, sino mestizo. Prueba de ello fue el censo de 1940, donde cientos de miles de indios fueron catalogados o clasificados como mestizos, pero así presentar un país más blanco y menos indígena, ante el mundo, era una condición previa para ser “modernos”.

Volviendo a la frase de inga a mandinga, el sociólogo Gonzalo Portocarrero, ha señalado que a través de esa frase, se define una posición existencial: “La idea es que el criollo proviene de una mezcla de sangres pero que ello no es decisivo en su universo mental, en su cultura, en su identidad. La frase cristaliza el intento de invisibilizar el racismo pues niega las resonancias simbólicas de las diferencias físicas. El color no importa pues todos tenemos de todo. Se trata, como veremos, de un pacto que reprime, sin eliminar, el racismo”. O sea, bajo el discurso del mestizaje, resumido en la famosa frase del mundo criollo, lo que en realidad hay es un deseo de proclamar que los orígenes y colores no importan, y que todos somos iguales. De esta manera una señora blanca de apellido castellano o italiano que vive en San Isidro, podría reclamarse mestiza y chola, tanto como una mujer inmigrante altoandina de apellido quechua que vive en un asentamiento humano de la capital. En última instancia “todo somos iguales”, “no hay diferencias”, también hay “cholas blancas”.

El discurso del mestizaje cobró mucha fuerza a inicios del siglo XX. Desde las élites, se rechazaba el indigenismo y sus reivindicaciones. El Perú no podía ser una nación indígena, a pesar de representar estos, las dos terceras partes de la población del país; pero bajo la concepción criolla, el futuro del Perú no podría ser el indio, sino el mestizo. El mestizaje en un proyecto continental, pero en realidad no fue un proyecto de crear una “raza” propiamente mestiza, sino de blanquear. El objetivo del mestizaje era lograr la europeización. Presentar al mestizo lo más blanco posible. A nivel intelectual es interesante en esa época, el debate entre José Carlos Mariátegui y su defensa de la nación indígena como base de la identidad nacional peruana (así como su futuro), y Luis Alberto Sánchez, quien veía en el cholo o mestizo el futuro del Perú y base de su identidad nacional.

Representantes de la teoría del mestizaje fueron autores conservadores como Víctor Andrés Belaúnde, quien desde una posición social y política privilegiada, destaca el carácter esencialmente mestizo del Perú. Rechaza el discurso indigenista, por encontrar en este, pasadismo, conciencia limitada de la identidad nacional y un proyecto conflictivo. El Perú seria para V. A. Belaunde, un ente donde se reúnen diferentes tradiciones que confluyen casi armónicamente y generan la “peruanidad”. El Perú sería tanto hijo de Pizarro como de Atahualpa. La trayectoria histórica marcada por profundas desigualdades, exclusiones, injusticias, y un presente donde persisten la discriminación y el racismo, no cambiarían nuestra condición de mestizos (población homogeneizada). El discurso del mestizaje es aparentemente inclusivo, pero termina siendo profundamente negativo, al presentar un escenario de igualdad u horizontalidad a costa de invisibilidar conflictos, injusticias y terribles desigualdades vinculadas al origen y el color de piel.

No hace mucho el destacado historiador José Antonio del Busto, decía: “… Las razas humanas más difundidas son cinco y todas ellas han tenido presencia en el Perú. Así tenemos que las razas blanca, negra, amarilla, cobriza y aceitunada se identifican con Europa, África, Asia, América y Oceanía, respectivamente. Hay otras razas, menores o derivadas, que no han llegado nunca a nuestro territorio”. El Perú nuevamente definido como un país mestizo, haciendo uso de las categorías de raza. El “Perú esencial” y el “Perú integral”, como gustaba decir el historiador, es un país de fusión racial y cultural (mestizaje racial y cultural), antes que de imposición violenta, superposición cultural, abismos sociales y destrucción de culturas. El mestizaje como discurso, oculta o disimula las tensiones sociales y la imposición de la cultura occidental sobre las demás culturas del territorio peruano.

Es innegable que el Perú es un país diverso, y diferentes culturas han permitido que compartamos elementos comunes. Pero no puede caerse en el discurso conservador de antaño que proclama la igualdad “racial”, para disimular la desigualdad social. No se le puede decir a un niño indígena de alguna comunidad amazónica o andina, que él es un mestizo, y que el Perú es mestizo, y que por ello tiene poco sentido hablar de identidad indígena. Hay buena intención al proponer el mestizaje como corriente para pensarnos como peruanos iguales, busca convencernos de nuestra diversidad e igualdad, pero termina siendo un discurso homogeneizador y engañoso al invisibilizar las desigualdades y discriminaciones. No es lo mismo apellidarse Kuczynski, Osterling o Dibòs y llamarse a sí mismos cholos, y pretender que son iguales (en su calidad de mestizos) que los peruanos de origen aymara, quechua, ashaninka, etc.


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Socio-Historia

Espacio de reflexión histórico-social. El Perú es a veces un cuento de Kafka pero resulta legible para lo real maravilloso latinoamericano.