moras non sacta

Respuesta a Federico Salazar y su defensa de La Paisana Jacinta

Publicado: 2017-12-03

Hace mucho he prescindido de la página de El Comercio donde publica cada domingo el periodista Federico Salazar. Sus opiniones o posturas distan muchas veces de un espíritu democrático, y más bien asume un papel de relativizador de valores, y defensa de visiones conservadoras que camufla como liberalismo. En fin, solo bastaría leer algunas de sus columnas.  

Pero hoy sale en defensa del personaje La Paisana Jacinta, y declara que “No hay tolerancia frente a un grupo que hace su cultura de espaldas al plató oficial. Hay discriminación y pretensión de anular la diferencia cultural”. O sea, se discrimina a la población, cuando se cuestiona contenidos que a todas luces perpetúan estereotipos racistas. Habría incluso intolerancia cultural, en los grupos que más bien defienden la diversidad cultural, y el fin de prácticas discriminatorias vinculadas a idioma, tradiciones o color de piel.

Frente a una declaración del ministro de cultura, Salazar llega al paroxismo y denuncia que: “La tentación totalitaria siempre se presenta a quien detenta el poder. El ministro y el ministerio nos quieren decir qué debe darnos risa o, para ser más exactos, qué no debe darnos risa”.

En un arranque más de falso liberalismo, sentencia que “El Estado no está para recomendarnos cuáles deben ser nuestros valores. No está para dictaminar las mejores formas de expresión del entretenimiento. El Estado no debe ser una Gestapo de la moral artística. Lamentablemente, este Ministerio de Cultura revela una actitud policial sobre los gustos”.

Salazar no logra entender que todos los Estados democráticos del mundo, difunden determinados valores, los que constituyen justamente la democracia: libertad, igualdad, defensa de la dignidad humana, etc. Ministerios como el de Educación y el de Cultura, serían los llamados especialmente para difundirlos entre la nación. La propagación de estereotipos que conlleven a prácticas racistas (por ejemplo el otro personaje de Benavides, “el negro mama”), deben ser criticados tanto por la sociedad civil, como por las autoridades, que deben defender (eso que le cuesta entender a muchos peruanos como Benavides), “la dignidad humana”.

El conductor de Tv, finalmente acude a la falacia de la generalización, donde todos los gustos populares son legítimos y no sujetos a cuestionamiento: “La cultura es muchas cosas, pero sobre todo, no es “rechazar y repudiar” lo que hacen los estratos populares para entretenerse”. Bajo esa lógica, las peleas de perros, organizadas en Lima no deben ser rechazadas por la ciudadanía y autoridades, así como el consumo de pornografía infantil.

El problema de los Federicos Salazar es que reducen el racismo a un problema de libertad de expresión. Del tal manera, que se ampara productos como “La Paisana Jacinta”, como un resultado de la libertad artística de cómicos que además tienen amplia aceptación popular. Ven “totalitarismo”, en la crítica abierta al racismo existente en los medios de comunicación peruanos. No hace mucho Federico Salazar, también hacia su cruzada en defensa de una televisión peruana sin controles o regulación. La televisión basura, era mejor que cualquier medida de protección al público televidente, porque suponía el pecado de atentar contra la libre empresa y la "libre expresión".

Por ahora, algunos optan por decir que a los que no le guste la película La Paisana Jacinta, simplemente que no la vean. Conclusión fácil, que llama a la gente a callar, resignarse o aceptar la libertad de unos de difundir discursos racistas en nombre de la tolerancia o la libertad de expresión.

En ese mismo sentido, la recurrente expresión, "todas las opiniones son respetables" es una de las falacias más peligrosamente difundidas en los medios. Asombra, que sea utilizada aun por personas medianamente juiciosas. Las opiniones enmarcadas en discursos racistas, xenófobos, homofóbicos, misóginos, no son opiniones respetables, sino todo lo contrario. Las opiniones que fomenten la violencia y el odio racial u otro similar, son rechazables. Como se apuntó ya, en el debate sobre la película La paisana Jacinta, la frase "al que no le guste, que no la vea", cae en un razonamiento simplón que soslaya que no se puede uno desentender de los aspectos negativos de la sociedad, solo cerrando los ojos o volteando el rostro.

Hace poco el portal El Montonero, difundía un artículo ("Debemos salir en defensa de la Paisana Jacinta"), en la misma línea de Federico Salazar. Para los señores de El Montonero, el personaje de la paisana Jacinta, encarnaba una "alegoría del triunfo del inmigrante en medio de la hostilidad de la urbe". Los crìticos de los estereotipos racistas, sólo son censuradores y represores de la libertad artìstica de Jorge Benavides. Los críticos son los verdaderos racistas, etc. El señor que publica ese artículo, considera que los que cuestionan la película La paisana Jacinta, son gente que no entiende que este personaje es solo una "mezcla ficcionada de caricaturas rurales andinas".

Bueno este tipo seguro tendrá como siguiente columna, que el racismo es sólo una percepción o mirada muy subjetiva, y los críticos, unos racistas disfrazados. Sin duda, El Montonero se supera cada día, sus columnistas son encarnación del pensamiento más rancio del país. Mañana defenderán una próxima película sobre el "negro mama", dirán que es inofensivo el personaje, que no tiene ningún problema, sino sólo la incomprensión e intolerancia de algunos quejumbrosos (incluyendo las víctimas diarias de discriminación racial).

Finalmente, algunos han querido ver las campañas contra esta película, como una demostración de intolerancia. Tal es el caso del escritor Renato Cisneros, quién publicó una vergonzosa columna hace unos días, la cual fue duramente criticada por escritores como Marco Avilés (ver la respuesta a Cisneros acà). 

La apología al racismo no es una opinión. El boicot es parte de los mecanismos de una sociedad democrática para resistir u oponerse a prácticas de poder perjudiciales al conjunto de la sociedad. Renato está abrazando lógicas liberales, donde "todos son iguales" y no existen grupos vulnerables (mujeres por ejemplo), o discriminados históricamente (afrodescendientes, grupos indígenas) y que merecen políticas de protección o reivindicación social. Llama intolerantes a los creen que el racismo no es una "opinión distinta", sino una expresión de violencia que nos afecta a todos. Claro que debemos pensar en las causas del racismo y discriminación en el Perú, y una parte del problema es que la perpetuación de estereotipos racistas como el "negro mama" o la "paisana Jacinta", sí contribuyen a que prosiga ese lastre. Reducir esto a "tolerancia" frente a opiniones distintas, es francamente obtuso. Como decía hace poco un amigo "En Alemania la película nazi antisemita "Süss el judío" está prohibida, no hay discusión, es racista, es antijudía, es nazi, pero en Perú parece que los racistas merecen consideraciones y hasta se defiende su derecho a expresar libremente su racismo. ¿Acaso los racistas tienen más derechos que las personas perjudicadas por su racismo? Eso es completamente inaudito e incompatible con una democracia".

Bueno por ahora, a seguir escuchando las frases racistas recurrentes en los libretos televisivos de Jorge Benavides: serrana apestosa, huele a llama, que bruta eres, paisana tenías que ser, etc. Federico Salazar, no encuentra nada lesivo en ello.


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Socio-Historia

Espacio de reflexión histórico-social. El Perú es a veces un cuento de Kafka pero resulta legible para lo real maravilloso latinoamericano.