moras non sacta

Un ejemplo de las campañas de miedo en la prensa peruana.

LOS MEDIOS Y LOS MIEDOS

Sobre el macartismo criollo. Los discursos de miedo y odio en el Perú contemporáneo. 

“Una prensa cínica, mercenaria y demagógica, producirá un pueblo cínico, mercenario y demagógico”. Joseph Pulitzer

Eddy Romero Meza

Publicado: 2016-06-11

El miedo acompaña a la humanidad desde sus orígenes, el miedo a los fenómenos naturales, la furia de los dioses, la peste, el hambre o la guerra. El “infierno” encarnó el miedo de la civilización occidental. El historiador francés Jean Delumeau, dijo alguna vez que “los miedos van cambiando, pero el miedo permanece” (citado por Ramonet, 2016). Hoy esos miedos están representados por la crisis financiera, el desempleo, el desalojo, la xenofobia, las epidemias, el cambio climático (1); o en el caso peruano, la inseguridad ciudadana o la posibilidad de que alguien cambie el modelo económico, aquel que ha brindado la ilusión de la estabilidad social.     

Bajo este escenario, los discursos de odio emergen con cierta fuerza. La creciente amenaza de propuestas neo-fascistas en Europa y EE.UU., los movimientos antiinmigrantes, las campañas de evidente marcartismo en el Perú contra propuestas de izquierda, etc. Estos discursos anclados en creencias antes que ideas, son abrazados con facilidad por los medios de comunicación, los que requieren apelar (interesadamente) más a emociones primarias (temor, odio), que a razonamientos reflexivos y autocríticos. Esta pedagogía ejercida por los medios, cala en la democracia a través de juicios ciudadanos basados en suposiciones, prejuicios, temores, y rechazo a lo que cuestione el “sentido común” construido y difundido por periodistas, comentaristas “especializados” u opinòlogos de ocasión.

Este fenómeno tiene distintas explicaciones; así el historiador y ensayista mexicano Enrique Krauze, llama “generación mediática” a la que predomina actualmente y la caracteriza como: “incisiva e informada pero su aportación en obras de pensamiento político o histórico ha sido más bien pobre. Para decirlo en una palabra: son menos intelectuales que comentaristas y, en algunos casos, menos comentaristas que populistas del periodismo. Los acompaña un escepticismo cómodamente prematuro. Diseñado para halagar al auditorio”. (2)

En la misma línea explicativa, el 2005 apareció en EE.UU. el interesante libro El juicio político de los expertos, en el cual se busca poner en evidencia los escurridizos elementos que articulan el juicio político y mostrar, al mismo tiempo, los trucos habituales de los analistas políticos para saltarse normas de precisión y rigor que se exigen y no se disculpan a los profesionales de otros campos. El autor Philip Tetlock, denuncia que los colaboradores de los grandes medios de difusión apenas eran mejores en la “lectura” de situaciones emergentes que simples periodistas o atentos lectores de The New York Times. “Los expertos más solicitados son más confiados que aquellos colegas suyos que se ganan la vida lejos de los focos”. El exceso de confianza les llevaba a equivocarse y, aun peor, a no admitir sus errores, agarrándose a múltiples y variadas excusas. (3)

En el Perú cada día vemos desfilar por los sets de televisión personas especializadas en distintas áreas: abogados, economistas, politólogos, etc. Sin embargo sus juicios no son más acertados que el de un atento lector de medios independientes, con una formación más o menos sólida. La necesidad de comentar todo y hacerlo rápido, es la dinámica de los programas informativos y de “análisis” que han surgido en la última década. Es así como para sorpresa de varios (entre los que me encuentro), se ve como cada tarde en programas como “Las 5 de las 7” (RRP televisión) o “N Portada” (canal 8), los invitados despliegan una serie de sentencias u opiniones definitivas sobre una diversidad de temas vinculados a la compleja realidad peruana o latinoamericana. La televisión como tribunal; donde los juicios no se basan tanto en pruebas (producto de una exhaustiva investigación periodística), sino en datos parcializados, ideas preconcebidas o artículos de fe. Nuestro liberalismo se exhibe así, como dogmático antes que plural o tolerante.

El sociólogo Víctor Vich, analizando el ejercicio del periodismo en el Perú, ha compartido una reflexión que vale la pena reproducir: “Un periodista (al menos, en teoría) es alguien que ha optado por mostrar la realidad en sus múltiples aristas –en su “sobredeterminación”, diríamos en la academia- y no alguien que se comporta como un “genio maligno” que manipula para intentar convencernos de sus inercias políticas. Esa incapacidad de investigar, de salir de la propia ideología, es lo que hoy no se ve, o se ve muy poco, en el periodismo peruano. Es eso lo que lo ha vuelto una profesión que se sigue degradando día a día… ¿Por qué el diario El Comercio cerró su unidad de investigación? ¿No fue este un signo de la crisis final? Es cierto que volvió a abrirla, pero todo hace pensar que no debe haber mucha libertad ahí… Lo que en esta campaña (presidencial) ha resaltado es, sobre todo, el pobrísimo papel del periodismo, uno que no sabe qué preguntar porque es pura ideología, porque no se informa y porque no parece tener ninguna voluntad de hacerlo… los medios peruanos no hacen el esfuerzo por ser plurales. El 90% (o más) de los periodistas actuales son de derecha. Una columna contraria y distinta aparece en ellos casi como un “gesto de caridad” y no como un agente estructurador de las noticias”. (4)

Los últimos años me han convencido cada vez más de lo profundamente determinante que son los medios de comunicación en la configuración del pensamiento social. Ni la escuela, ni la universidad, la iglesia u otra organización, tiene tanto poder como los medios de comunicación en la construcción de la opinión pública y el imaginario social en general. Los medios ejercen una pedagogía diaria (las 24 horas), que difícilmente puede ser igualada por cualquier institución educativa. Se trata de un fenómeno global imparable, y sólo queda buscar atenuar un poco sus niveles de influencia o crear contrapesos desde los mismos medios. Evitar concentraciones, hegemonías incuestionables, pensamientos únicos presentados como “sentido común”. La prensa peruana, se ha mostrado en las recientes elecciones presidenciales, como una de las más marcartistas del mundo. Editoriales, portadas y columnas, confundidas con difamaciones, discursos de miedo y odio, etc.

La ciudadanía, conversa u opina; el periodista informa, analiza, contrasta, explicita su postura ideológica y la somete también a crítica, evita abrazar discursos de miedo y odio para ganar tribunas, y al contrario rechaza esas actitudes. En los medios de comunicación peruanos muchas veces nos enfrentamos a la histeria colectiva, el sicariato informativo y hasta cierto terrorismo mediático. Las campañas electorales recientes lo han demostrado. Periodistas reciclados de épocas dictatoriales, como Nicolás Lùcar o Mónica Delta, hoy son los rostros más visibles de una prensa empobrecida y empobrecedora. Los derechos ciudadanos, como el acceso real a la información (condición previa para la deliberación pública), están supeditados a intereses económicos y políticos.

Noam Chomsky, alguna vez escribió: “En un estado totalitario no importa lo que la gente piensa, puesto que el gobierno puede controlarla por la fuerza empleando porras. Pero cuando no se puede controlar a la gente por la fuerza, uno tiene que controlar lo que la gente piensa, y el medio típico para hacerlo es mediante la propaganda (manufactura del consenso, creación de ilusiones necesarias), marginalizando al público en general o reduciéndolo a alguna forma de apatía” (1993).

El miedo a lo largo de la historia ha sido instrumentalizado por partidos, gobiernos, iglesias y otras entidades. Los medios de prensa en el mundo no han sido ajenos a ello, y muchas veces han sido empleados para abiertas campañas de miedo y odio. En el Perú en tiempos recientes lo hacen de manera disimulada y a veces de manera explícita. Es difícil olvidar el nefasto rol de la prensa en la década infame del fujimontesinismo. Ahora en tiempos de democracia, los discursos autoritarios o de intolerancia se disfrazan de opiniones respetables y legitimas desde la prensa. La estigmatización del adversario se ha normalizado: caviar, rojo, terruco, terrorista, etc. son palabras de uso extendido y socialmente aceptadas. No es de extrañar también que hace algunos años, un artículo de opinión escrito en el diario Correo, haya sido catalogado desde el extranjero, como el artículo más racista del año: “Pobrecitos chunchos y otras torpezas” (Andrés Bedoya Ugarteche).

La democracia es ágora: debate o deliberación pública. No son ya las plazas, sino los medios de comunicación los espacios para ello; depende de todos nosotros el que la información sea un derecho ciudadano, y no un instrumento de manipulación de intereses privados.

Notas:

(1) Los nuevos miedos. Ignacio Ramonet, junio del 2016. Los historiadores de las mentalidades se preguntarán algún día por los miedos de nuestra década (2010-2020). Descubrirán que, a excepción del terrorismo yihadista que continúa golpeando a las sociedades occidentales, los nuevos miedos son más bien de carácter económico y social (desempleo, precariedades, despidos masivos, desahucios, nuevas pobrezas, inmigración, desastres bursátiles, deflación), así como de naturaleza sanitaria (virus del Ébola, fiebres hemorrágicas, gripe aviar, chikungunya, zika) o ecológica (desajustes climáticos, transformaciones profundas del medio ambiente, mega-incendios incontrolados, contaminaciones, poluciones del aire). Éstos conciernen de la misma manera tanto al ámbito colectivo como al ámbito privado. En este contexto general, las sociedades europeas se encuentran especialmente conmocionadas, sometidas a seísmos y a traumatismos de gran violencia. La crisis financiera, el desempleo masivo, el final de la soberanía nacional, la desaparición de las fronteras, el multiculturalismo y el desmantelamiento del Estado de Bienestar provocan, en el espíritu de muchos europeos, una pérdida de referencias y de identidadhttp://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial%2F0000856412872168186811102294251000%2Feditorial%2F%3Farticulo%3D10447a08-df0a-4582-bb12-814e2680bb72 

(2) La generación mediática. Enrique Krauze, 23 de mayo del 2016. http://www.letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/la-generacion-mediatica

(3) El juicio político de los expertos (Philip E. Tetlock). Bernabé Sarabia, 03/06/2016. Para entender mejor las fuentes de error que cometen los expertos cuando enjuician y predicen, Tetlock ha acudido a una división de las personas creada por Isaiah Berlin en su ensayo sobre Tolstói titulado El erizo y el zorro (Península, 2002). Los erizos saben mucho y concentran su enorme saber. Son dogmáticos y en su teoría del mundo tienen las cosas muy claras, algo que gusta mucho en los platós de televisión. Los zorros sí son capaces de reconocer sus errores y ven las cosas de un modo más intrincado. Así que entienden la realidad como el resultado de complejas interacciones y del azar. En su investigación, Tetlock encontró que los zorros puntuaban mejor en sus predicciones. Los invitan menos que a los atrevidos erizos a los debates televisivos, pero aciertan más. http://www.elcultural.com/revista/letras/El-juicio-politico-de-los-expertos/38172

(4) La crisis del periodismo peruano. Vìctor Vich, 12 de abril del 2016. https://victorvich.lamula.pe/2016/04/12/la-crisis-del-periodismo-peruano/victorvich/


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Socio-Historia

Espacio de reflexión histórico-social. El Perú es a veces un cuento de Kafka pero resulta legible para lo real maravilloso latinoamericano.