no es apología, es memoria

EL MALESTAR DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN PERUANOS

Entre el macartismo criollo y la búsqueda de la deliberación pública en el país.

Publicado: 2016-04-16

Los últimos años me convencen cada vez más de lo profundamente determinante que son los medios de comunicación en la configuración del pensamiento social. Ni la escuela, ni la universidad, la iglesia u otra organización, tiene tanto poder como los medios de comunicación en la construcción de la opinión pública y el imaginario social en general. Los medios ejercen una pedagogía diaria (las 24 horas), que difícilmente puede ser igualada por cualquier institución educativa. Se trata de un fenómeno global imparable, y sólo queda buscar atenuar un poco sus niveles de influencia o crear contrapesos desde los mismos medios. Evitar concentraciones, hegemonías incuestionables, pensamientos únicos presentados como “sentido común”. La prensa peruana, se ha presentado en las recientes elecciones presidenciales, como una de las más marcartistas del mundo. Editoriales, portadas, difamaciones, discursos de miedo y odio, etc. Recientemente Víctor Vich, declaraba que: El periodismo en el Perú ha dejado de ser periodismo y se ha convertido en un simple abanico de artículos de opinión. La mayoría de los periodistas que hoy trabajan en el Perú solo opinan, pero no investigan, no cruzan datos, no relativizan lo propio, no van en busca de nuevos ángulos, no se informan, su única fuente es el internet (ay…) y hace mucho que no leen libros de historia, economía, antropología o filosofía … El problema, el gravísimo problema, es que al hablar de la crisis del periodismo peruano casi nadie se siente aludido. El problema es que cuando se dice que tenemos el peor periodismo la de región nadie se siente aludido: ¿Mónica Delta se siente aludida? ¿Juan José Garrido se siente aludido? ... Esa incapacidad de investigar, de salir de la propia ideología, es lo que hoy no se ve, o se ve muy poco, en el periodismo peruano. Es eso lo que lo ha vuelto una profesión que se sigue degradando día a día… 

En estos días ha existido la tentación, desde la izquierda, de llamar a “electarado” o “inconscientes”, a los ciudadanos peruanos por los recientes resultados electorales (apoyo amplio a Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski). Sin embargo, primero sería insensato caer en las formas desagradables de denostar a la gente por no pensar como uno (el estilo Aldo Mariàtegui). Segundo, los adjetivos de arriba solo simplifican y esconden la realidad. No se trata solamente de una supuesta “ignorancia del pueblo”, tema recurrente y muy subjetivo en muchos países, incluyéndonos. Considero que el asunto central, va por otro lado, la ausencia de espacios reales de deliberación pública (condición necesaria de toda democracia). Predomina en cambio en nuestro medio, la discusión y la descalificación. La deliberación busca ser más inclusiva y se basa en un principio básico, “el acceso a la información”. No se trata de la superficial y coyuntural campaña de la ONPE de “voto informado”, sino de algo más permanente y horizontal; el diálogo ciudadano a partir del acceso a información valiosa, amplia y filtrada por medios de comunicación plurales y veraces, así como por un Estado más transparente. Sin duda suena utópico, pero es posible elevar algunos grados frente a lo desastroso que tenemos hoy. No hay democracia sin ciudadanos con derechos reales de acceder a información diversa y comprobable. Ello permitirá la deliberación pública que requiere toda democracia, para alcanzar consensos y administrar disensos, respetar a las minorías y legitimar a mayorías.

La ciudadanía conversa, opina; el periodista informa, analiza, contrasta, explicita su postura ideológica y la somete también a crítica, evita abrazar discursos de miedo y odio para ganar tribunas, y al contrario rechaza esas actitudes. Hoy lo que vemos en los medios de comunicación peruanos es histeria colectiva, sicariato informativo y terrorismo mediático. Esta campaña electoral reciente lo ha demostrado nuevamente. Periodistas reciclados de épocas dictatoriales como Nicolás Lùcar, hoy son los rostros más visibles de una prensa empobrecida y empobrecedora. Los derechos ciudadanos, como el mencionado acceso a la información, están supeditados a intereses económicos y políticos.

Noam Chomsky, alguna vez escribió: “En un estado totalitario no importa lo que la gente piensa, puesto que el gobierno puede controlarla por la fuerza empleando porras. Pero cuando no se puede controlar a la gente por la fuerza, uno tiene que controlar lo que la gente piensa, y el medio típico para hacerlo es mediante la propaganda (manufactura del consenso, creación de ilusiones necesarias), marginalizando al público en general o reduciéndolo a alguna forma de apatía” (1993).

Nuestras democracias disimulan esas formas de control sobre la gente. Nuestros medios están más cerca de la manipulación (selección, omisión), que de la(s) verdad(es) que beneficien a todos los ciudadanos.

Los medios de comunicación son fundamentalmente empresas que buscan fines privados, ello no estaría mal en tanto no presenten sus intereses particulares como el de la totalidad de ciudadanos. Es allí cuando debemos exigirles responsabilidad, veracidad y equilibrio, tanto desde la sociedad civil, como desde el propio Estado. Su ánimo de lucro y defensa de intereses selectivos, no debe chocar con el derecho ciudadano de acceso a la información y el pluralismo, de lo contrario se pone en severo riesgo la democracia. Debemos optar por formas de deliberación cívica y no dejarnos arrastrar por marcartismos criollos como en la reciente campaña mediática contra la candidata Verónica Mendoza del Frente Amplio. Más allá de nuestra postura ideológica, debemos desterrar todo aquello que no fortalezca a la débil democracia en nuestro país.


Recomiendo el siguiente post del filósofo Gonzalo Gamio: http://gonzalogamio.blogspot.pe/2014/09/democracia-y-medios-de-comunicacion.html 


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Socio-Historia

Espacio de reflexión histórico-social. El Perú es a veces un cuento de Kafka pero resulta legible para lo real maravilloso latinoamericano.