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Libro "Ideología y Currículo" de Michael Apple.

Crítica a la idea de un currículo educativo "neutral".

"Donde hay educación, no hay distinción de clases". (Confucio)

Eddy Romero Meza

Publicado: 2015-09-02

Michael W. Apple es un educador y sociólogo estadounidense, además de investigador en la Universidad de Wisconsin. Sus trabajos han gran tenido una gran influencia en la Pedagogía Crítica, sobre todo sus estudios sobre ideología y currículo, así como el desarrollo de escuelas democráticas. 

Se trata de un investigador muy crítico con la educación conservadora-neoliberal y sus principios. Sus trabajos parten de interrogantes como: ¿de quién es el conocimiento que se enseña y de quién no? ¿Quién se beneficia de la educación y quién no? ¿Qué podemos hacer para que la escuela sea más crítica y más democrática?

En su conocido libro Ideología y currículo (1979), analiza (en la línea de Pierre Bourdieu) cómo las escuelas reproducen estructuras ideológicas y formas de control social-cultural de las clases dominantes en la sociedad.

Dentro del texto, el autor afirma que la escuela no es de ninguna manera una institución neutral, ya que los educadores se encuentran implicados en un acto político, sean o no conscientes de ello. Los maestros no podrían separar su actividad educativa de las formas de conciencia que dominan la economía.

Michael Apple, emplea un marco de referencia neomarxista en su análisis. Encuentra vinculaciones entre educación y estructura económica, conocimiento y poder. Se propone buscar y “explicar los reflejos manifiestos o latentes, o codificados de los modos de producción material, valores ideológicos, relaciones de clase y estructuras del poder social –tanto político, económico, como sexual y racial- sobre el estado de conciencia de la gente en una situación histórica o socio-económica precisa” (pág. 12).

Se plantea describir los modos concretos por medio de los cuales los acuerdos estructurales predominantes (y alienantes), - es decir, los modos básicos en que se organizan y controlan las instituciones, las gentes, los modos de producción, distribución y consumo- dominan la vida cultural. Esto incluye prácticas cotidianas, como las escuelas, la enseñanza y los currículos que encuentran en ellas (pág. 12).

Explora las relaciones entre el conocimiento abierto y encubierto que se enseña en la escuela, así como los principios de selección y organización de ese conocimiento. Además de los criterios y modos de evaluación utilizados para “medir el éxito” de la enseñanza. Se afirma que la estructuración del conocimiento en las escuelas, está íntimamente relacionada con el control social y cultural de una sociedad. El autor nos señala que los tipos de símbolos y recursos culturales que las escuelas seleccionan y organizan están dialécticamente relacionados con los tipos de conciencia normativa y conceptual “requeridos” por una sociedad estratificada.

Su tesis gira alrededor de los mecanismos de dominación a través de la vida cotidiana escolar. Michael Apple, reflexiona sobre como las contradicciones y tensiones sociales, económicas y políticas son “mediadas” por las practicas concretas de los educadores. Pone énfasis en la orientación cultural e ideológica. Un énfasis en las mediaciones culturales e ideológicas que existen en las condiciones materiales de una sociedad desigual y la formación de conciencia de los individuos en esa sociedad.

En la escuela, más allá de los económico, también existe una propiedad simbólica (capital cultural). De ahí la necesidad de entender las instituciones como entes de conservación y distribución de cultura. Las escuelas crean y recrean formas de conciencia que permitirían el mantenimiento del control social sin que los grupos dominantes tengan que incurrir a métodos manifiestos de dominación. El texto como señala Apple, busca centrarse en un mayor entendimiento de esta recreación.

En el análisis incluirá referencias al crítico social y cultural, Raymond Williams. Quien analiza la forma y contenido de la cultura y el crecimiento de las prácticas e instituciones económicas que a todos nos rodean.

Apple propone articular tres aspectos:

a) La escuela como institución

b) Las formas del conocimiento

c) El propio educador.

Según el autor, cada uno debe situarse dentro del nexo de relaciones más amplio del cual es una parte constituyente. En ese sentido la palabra clave es situado.

Poner el conocimiento que enseñamos, las relaciones sociales que dominan el aula, la escuela como mecanismo de distribución y conservación económica-cultural, y nosotros (docentes) que trabajamos en esas instituciones, en el contexto en que todos residen. Interpretarlos en sus respectivos espacios o lugares dentro de una sociedad compleja, estratificada y desigual (pàg. 14). Para ello es necesario buscar con sutileza esas relaciones y no caer en determinismos. Evitar relaciones automáticas o razonamientos excesivamente mecanicistas. Explorar esa relación dialéctica entre economía y cultura.

La idea de una manipulación consciente de la enseñanza por parte de un grupo pequeño de personas que tienen poder, es simplista, el asunto es más complejo que ello.

Michael Apple, enfatiza tres elementos para comprender la realidad educativa en su contexto social mayor: Ideología, hegemonía y tradición selectiva.

Para explorar las formas de los currículo y su contenido ideológico latente, es necesario partir de preguntas esenciales como: ¿De quién es el conocimiento? ¿Quién lo selecciono? ¿Por qué se organizó y selecciono de este modo?, y vincular ello con las ideologías, poder social y económico: el conocimiento puesto a disposición (y el no puesto a disposición).

La aproximación a las ciencias sociales a través de un currículo “orientado al proceso”. Enseñamos la “investigación” social como una serie de técnicas, métodos que permiten al estudiante investigarse a sí mismo. Pero “No le permitimos al estudiante investigar por qué existe una forma particular de colectividad social, cómo se mantiene y quién beneficia de ello” (pág. 18).

Se crea un sentido de falso consenso en la escuela. Los contenidos de materias como la historia, la economía, evidenciarían ello.

Para Apple, las formas lógicas e instrumentales del razonamiento y la acción reemplazan a los sistemas de acción simbólica. El debate político, económico y educativo, es sustituido por consideraciones sobre la eficacia y las habilidades técnicas. Se alimenta la idea de instituciones neutrales, como la escuela, derivándose la idea de profesores de instrumentación neutral.

Para el autor, los educadores suponemos que nuestra actividad es neutral, que al no adoptar una posición política estamos siendo objetivos. Sin embargo ello es falso. Como señalan autores como Basil Bernstein y Pierre Bourdieu, las escuelas pueden servir a los intereses de muchos individuos (educandos), pero también son poderosos agentes de reproducción económica y cultural de las relaciones de clases de una sociedad estratificada.

“Los valores económicos y sociales están ya encerrados en el diseño de las instituciones en las que trabajamos, en el “corpus formal del conocimientos escolar” que conservamos en nuestros currículos, en nuestros modos de enseñanza y en nuestros principios, niveles y formas de evaluación” (pág. 20).

Es muy extendida la creencia alrededor de la ciencia como algo neutral, la investigación curricular como una actividad científica neutral. Apple, denuncia la conversión de la persona concreta en un individuo abstracto. No se sitúa al individuo como un ser económico y social. Se define a los ciudadanos casi como técnicos neutrales al servicio del progreso.

Michael Apple, describe muy bien su intencionalidad en este trabajo: Cualquier valoración seria del papel de la educación en una sociedad compleja debe contar como parte importante de su programa al menos tres elementos. Necesita situar al conocimiento, la escuela y al propio educador dentro de las condiciones sociales reales que “determinan” a esos elementos… ese acto situacional debe ser guiado por una visión de la justicia económica y social. Por tanto, he mantenido que la posición del educador no es neutral, ni en cuanto a las formas de capital cultural distribuido y empleado por las escuelas, ni en cuanto a los resultados económicos y culturales de la propia empresa de la enseñanza. Estas cuestiones se analizan mejor por medio de los conceptos de hegemonía, ideología y tradición selectiva, y sólo serán entendidas por medio de un análisis relacional. (pág. 25)

Una conclusión importante en el trabajo de Apple, es que muchos docentes son incapaces de explorar la naturaleza del orden social del que forman parte. Aunque el texto corresponde a 1979, esta idea no ha perdido vigencia. Muchas veces la labor docente transcurre entre papeles ministeriales, diseño de sesiones de aprendizaje y proyectos institucionales específicos y de corto alcance.

La deficiente formación de las facultades de educación, la limitada actualización docente y la ausencia de corrientes de pedagogía crítica en el medio, influyen sobre el profesorado. En tiempos de despolitización y desinstitucionalización el profesional de la enseñanza se convierte en un técnico pedagógico. No es un secreto que la tecnocracia ha tomado el poder desde hace un par de décadas en el país. Apple acierta al señalar que las instituciones como la escuela no son neutrales, ya que estas se inscriben en estructuras de poder económico dados, en este caso la neoliberal.

Desde los años 90s el Perú adoptó por presión del Banco Mundial una serie de reformas que involucraban la educación. La adopción de un currículo por competencias, capaz de responder a las demandas económicas, de productividad y eficiencia a nivel internacional fue una de ellas. Si bien el currículo por competencias es técnicamente adecuado, también es cierto que prioriza dimensiones que el sistema hegemónico exige: la economía de mercado. No es de extrañar entonces como la cultura tributaria, la cultura emprendedora y la formación empresarial, hoy ocupa un papel cada vez más importante en este nuevo esquema curricular.

Palabras como ideología, hegemonía, alienación, desigualdad, explotación, entre otras, son omitidas del currículo no solo por consideraciones científicas-técnicas, sino por cuestiones políticas. La democracia liberal occidental y el sistema capitalista-neoliberal han desterrado los discursos de resistencia de antaño. Los docentes temen emplear esas palabras por temor a ser confundidos con adoctrinadores, revolucionarios o subversivos. En un contexto nacional donde el magisterio peruano fue acusado de simpatizar con Sendero Luminoso y el MRTA, volver a tiempos de represión, estigmatización y hasta cárcel, limita entre los docentes cualquier ánimo discursivo cuestionador del sistema vigente.

Si bien la lucha armada fue el camino de numerosos docentes en los 80s, lo cual es rechazable desde cualquier punto de vista. Ello no debe impedir hoy, la necesidad de contar con docentes que a través de una vía democrática, ejerzan su rol como agentes políticos de resistencia frente a una realidad socio-económica llena de injusticias. De lo contrario, debemos conformarnos con un magisterio conformado por individuos técnicos, eficientes en los procesos ejecución del curriculum diseñado para ser funcional al sistema vigente.

Descolonizar el currículo es parte de un proyecto mayor en ese sentido. Lograr un curriculum que visibilice realmente ciertas personas, grupos, derechos, lugares y temáticas postergadas: afrodescendientes, minorías sexuales, temas de género, derechos laborales, resistencias al extractivismo, derechos indígenas, proyectos políticos alternativos, etc. Desterrar la falsa idea de un currículo “aséptico”, como muchos tecnócratas pretenden. El currículo que en sentido amplio involucra todo el accionar educativo, no es neutral como refiere Apple, es entonces necesario dotarlo contenido político alternativo y no sólo hegemónico.

Visibilizar problemas estructurales de la sociedad es esencial. Problematizar la escuela como una institución que hace política de un modo u otro. Considerar la ciencia y conocimiento como algo que tampoco está libre de intereses y ubicar al docente más allá de una dimensión técnica-reproductiva, es una tarea que nos deja Michael Apple.


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Socio-Historia

Espacio de reflexión histórico-social. El Perú es a veces un cuento de Kafka pero resulta legible para lo real maravilloso latinoamericano.